Fahrenheit 451 (Ray Bradbury, 1953)

Este es otro de esos libros que marcó mi juventud. También dentro de la Biblioteca de Ciencia Ficción editada por Orbis en 1985, planteaba varias ideas que, en ese momento, me parecieron radicales y escandalosas.

La primera, que hubiese una censura sobre los contenidos de los libros. En aquél momento, tenía bastante tiempo libre y devoraba todo lo que caía en mis manos. Sí, algunos libros me gustaban, otros los dejaba a mitad. Pero, ¿quién podía tener derecho a decidir sobre lo que yo podía leer o no? Por supuesto, mi adolescencia fue bastante después de que se acabase (al menos sobre el papel) la dictadura en España.

La segunda, que un cuerpo de funcionarios del gobierno (en este caso los bomberos) pudiesen campar a sus anchas, sin importarles la intimidad de los individuos, entrando en sus casas, registrando sus pertenencias y quemando, en público, los libros “prohibidos” – y casi todos los demás, por si acaso.

El libro (Fahrenheit 451 hace referencia a la temperatura a la que arde el papel) presenta al personaje principal (un bombero) que poco a poco va planteándose si lo que están haciendo es lo correcto… y no quiero desvelarte más de la trama.

La edición que tengo en casa es, como he dicho, de 1985. Aunque puede encontrarse en internet, su precio es, en mi opinión, demasiado alto, y dudosamente justificable como ejemplar de coleccionista.

Hay versiones más modernas, como esta en papel, con su alternativa como libro electrónico disponible.

Como punto interesante, la novela (escrita en inglés, y publicada en 1953) acertó en muchas cosas que han dejado, poco a poco, de ser ciencia-ficción para convertirse sólo en ciencia. Por ejemplo, las pantallas multimedia que ocupan paredes enteras, y en la que los usuarios pueden ver un “feed” continuo de noticias y datos. En su momento, Fahrenheit 451 ganó el premio Hugo (1954) y el Prometheus (1984).

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