Una nueva forma de negocio… ¿ilegal o inmoral?

A estas alturas, ya sabrás que mis libros están disponibles en Amazon (y en otras grandes tiendas de Internet). Desde el año pasado, las versiones impresas las produce Amazon directamente, a través de su plataforma KDP (Kindle Direct Publishing), una vez que han desmantelado CreateSpace (también otra filial suya).

Pues bien, desde hace algún tiempo estamos observando (muchos autores, comentado a través del foro interno de KDP) que están apareciendo revendedores dentro de la propia tienda de Amazon. Aunque esto es todavía una curiosidad (al menos, en libros), puede llegar a suponer un problema serio… Y ya te lo avanzo: No es ilegal. Sí es de una moralidad bastante dudosa, pero todavía no he encontrado la forma de pararlo. Esto es lo que está sucediendo:

Una empresa (o un individuo) busca periódicamente en la tienda de Amazon, para encontrar productos interesantes, o directamente en la lista de los más vendidos. Ahí, encuentra alguno de mis libros (¡o de los tuyos!), y lo ve con posibilidades de venta. Hasta ahí, todo es correcto, incluso positivo.

Pero no compran el libro. En su lugar, se dan de alta (si no lo están ya…) como vendedores en Amazon, copian toda la descripción (incluyendo la imagen de la portada) y lo ponen a la venta. Por supuesto, sin tener una copia física. Ahora, cambian tres cosas.

La primera, el precio suele ser escandalosamente mayor. Quizá el doble, o mucho más. La segunda, que el vendedor ya no es Amazon, sino la empresa o individuo (Obviamente, no te voy a dar nombres aquí). Y la tercera, que el plazo de entrega pasa a ser de una o dos semanas, frente al habitual de dos o cuatro días. Mira la siguiente captura de pantalla, a partir de mi libro “Resurrección“:

Cuando alguien les compra a ellos, inmediatamente piden una copia física a Amazon (por lo que efectivamente se produce una venta real y legal, y el autor cobra su comisión), y los revendedores la reciben en un par de días. Entonces, la reenvían al comprador final, que la recibirá pasado cierto tiempo. El precio más caro permite el gasto de este segundo envío, y una comisión nada despreciable para el revendedor. El comprador final recibe el libro al precio marcado, y en el plazo establecido.

Esto plantea ciertos problemas para el autor. Por un lado, su libro aparece como muy caro en Amazon, dándole una mala imagen. Y por otro lado, se pierde la inmediatez de los envíos (en este caso, desde Amazon). Aun así, de nuevo, es todo legal. Por supuesto, el escritor o editor puede decidir subir sus precios (si alguien compra caro, mejor aprovechar el beneficio), lo que les reportará más comisiones o royalties. Eso forzará a que los revendedores suban sus precios también, quizá hasta el punto de perder todas sus ventas.

Y entonces estamos pasando el problema de los libros caros al propio autor o editor. Los lectores pueden dejar de comprar nuestros libros por un tema de precio. En mi opinión, esta estrategia no sería la correcta. Como casi siempre, lo mejor es ignorar a estos nuevos piratas (legales, pero piratas, al fin y al cabo, buscando beneficio desde el trabajo de otros) y mirar hacia delante, seguir escribiendo y publicando nuevos contenidos. En el fondo, es una forma más de promoción, de que nuestros libros estén visibles en otro sitio.

Como mucho, lo que los autores podemos hacer es informar a nuestro público de esta situación (como estoy haciendo yo ahora con este artículo), y recomendar que busquen y comparen precios. Con las herramientas disponibles en la actualidad, comprar a esos precios (mira la imagen de ejemplo) no está justificado. Pero Amazon no puede controlar la estrategia de precios de sus vendedores registrados. Y, de todas formas, tampoco hay (de nuevo) nada ilegal en todo lo anterior. Es capitalismo, puro y duro.

Aun así, siempre queda el tema de la gente que intenta vender libros (quizá, de segunda mano) de forma legítima. Pero este es otro tema para una entrada posterior… ¿Qué opinas? Envíame tus comentarios…

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