Entrevista: Cristina Pujadas (Novela Romántica)

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Me llamo Cristina Pujadas, nacida y residente en Barcelona. La verdad es que no me planteé usar un seudónimo porque jamás pensé que alguien me fuera a leer. Y mucho menos que alguien pudiera relacionar mi persona real con las novelas románticas, cargadas con toques de fantasía, que me encanta escribir. Error mío. Hace unos meses una administrativa de mi trabajo me preguntó si escribía libros, sin acabar de creérselo. Había encontrado uno de mis libros por una de esas casualidades de la vida y se lo había leído. Creo que hasta las orejas se me pusieron rojas. Asumido eso, empecé a colgar notas en mis cuentas sociales y a intentar incorporarlo en mi vida con algo más de normalidad. Aunque a veces me sigo sonrojando.

¿Qué tipo de libros escribes?

Novela romántica. A partir de aquí hay matices entre libros y sagas. En general temática fantástica porque me apasiona, aunque he sacado un libro en romántica contemporánea por intentar algo nuevo. Me gusta mezclar la realidad y la fantasía. Soñar. Tengo libros con temática centrada en ángeles y demonios, hombres lobo, vampiros… pero hay otros en los que voy más allá y creo cosas nuevas. Diferentes. En general son narrativas ágiles, para pasar el rato y acabar con un buen sabor de boca. Algunos libros tienen un toque más juvenil, otros son fantasía pura y dura con un montón de aventuras (y desventuras) por el camino y en otros hay toques un punto más sensuales pero sin entrar en erótica. En general son libros para todos los públicos, con final feliz garantizado.

¿Cuándo y cómo comenzaste a escribir?

Escribir creo que de siempre. Ya de niña me encantaba participar en los Juegos Florales, una competición típica de poesía y narrativa en Cataluña. Luego fueron algunos guiones para obras de teatro en el propio colegio y más adelante simplemente por pasar el rato. Dejé de hacerlo durante los años de la facultad y no fue hasta hace unos ocho o nueve años que volví a ponerme frente a un teclado para dejar volar la imaginación. Con los recortes me encontré unos meses en el paro y algo tenía que hacer. «Luz», «La Chica Lobo» y «Susurros» son de esa época. Al volver a empezar a trabajar esta vez no lo dejé del todo; lentamente «La Hija Maldita» y «Alec» fueron tomando cuerpo. Con el nacimiento de mis mellizos toda escritura pasó no a un segundo plano… yo diría a un quinto por no decir un octavo. Hasta hace un año y medio.

¿Cómo llegaste a la escritura independiente?

Una suma de casualidades. Hace algunos años había mirado la opción de enviar manuscritos a alguna editorial o probar con algún premio literario. Pero soy realista. No escribo grandes obras. No tengo esa aspiración, en serio. Me gusta escribir cosas ligeras, para no pensar, para olvidar los problemas que a veces tenemos en el mundo real y simplemente desconectar. En mi vida real a veces las situaciones son estresantes. Y duras. Supongo que me gusta escribir lo que me gusta leer. Una de mis mejores amigas me picó un día. Todas ellas siguen cultivando su creatividad bien sea con la música, la pintura, las manualidades o la fotografía. Y yo me había convertido en un autómata. Un reflejo de lo que había sido, a nivel creativo al menos. Sabía de las facilidades de Amazon para autopublicar libros para escritores independientes y tras revisar las condiciones para poder publicar con ellos, me decidí. Desempolvé «Luz», la primera entrega de la Saga Ángeles Caídos, retoqué algunos fragmentos y la solté en Amazon la misma noche. Solo por decir que lo había hecho. Olé yo. Aunque os confesaré que tardé más de un mes en explicarle a mi madre y a mi marido que había autopublicado mi primer libro.

¿Cuánto tardas en escribir un libro?

La verdad es que cuando me viene una historia a la cabeza, sale sola. Simplemente me pongo frente al teclado y las páginas se llenan de líneas. Es brutal. Y terapéutico. A veces me gustaría centrarme en un proyecto pero hay otro que parece darle codazos hasta que le presto atención y lo dejo salir. Las escenas a veces se me amontonan en la cabeza. Mi marido siempre me dice que cuando estoy escribiendo voy poniendo muecas constantemente y de tanto en tanto me sonrojo. Un poco eso. Como cuando leemos, que a veces las emociones de los protagonistas son también nuestras en esos momentos. Suelo tardar un par de meses si estoy inspirada para sacar un libro de 150-350 páginas. Aunque también me ha pasado alguna vez que en una sola semana pueda cerrar una historia mientras que otros libros se han cocido a fuego lento en mucho más tiempo. Lo bueno de ser independiente es que no hay entregas y puedes escribir lo que quieres y cuando quieres. No hay presión. 

¿Qué es lo más complicado en tu proceso de creación?

La edición siempre me da un poco de guerra. Desde la elaboración de la portada, que sigo haciendo personalmente, hasta las mil puntillas que hay que revisar cuando quieres hacer una edición en papel. La mayoría de mis lectores usan el formato digital, pero soy amante del papel y como buena romántica, no puedo negarme ese capricho. Sobre la promoción corramos un tupido velo. Abrí una cuenta de Instagram y un perfil de autor en Goodreads inicialmente. Ahora tengo un pequeño blog en el que hago pequeños adelantos de libros en los que estoy trabajando y hay un recopilatorio con todos mis libros y sus sinopsis. Pero seamos realistas de nuevo. No me dedico al mundo publicitario y mi alcance es muy limitado. A veces me contacta una lectora y creo que ese día llevo la sonrisa en la cara de forma indefinida. Me encanta. Pero es muy difícil hacerse un sitio únicamente con el boca en boca o con los comentarios que la gente va dejando en la plataforma Amazon o Goodreads. Para los escritores independientes, sin soporte editorial detrás, es realmente complicado darnos a conocer y ser visibles.

¿Cuál ha sido tu último libro? ¿En qué trabajas ahora?

Mi último libro fue «Dando la Nota«, la historia de una chica superdotada un poco aburrida de la vida y un músico famoso de esos un punto malote. Es mi única novela sin fantasía de fondo y me lo pasé bastante bien con los diálogos, un tanto abstractos a veces. Tras una pequeña encuesta, empecé en octubre con la segunda parte de «La Hija Maldita» pero confieso que le estoy siendo infiel. Hace un par de semanas que «Alba», la sexta entrega de la Saga Ángeles Caídos, ha decidido instalarse en mi cabeza y me he visto obligada a empezar a escribir las escenas y los diálogos que van llegando sin previo aviso. Esta tendencia mía, una especie de fuga de ideas que a veces parece tener vida propia fue de hecho el origen de «La Voz», un libro al que le tengo especial cariño.

En cualquier caso, «Alba» está disponible ya en preventa y se estrenará oficialmente el 23 de diciembre; y con un poco de suerte, «El Templo Perdido» saldrá para finales de enero. Aunque Luminika, la segunda parte de Cazadores Oscuros, empieza a infiltrarse en mi cabeza. 

¿Qué libro te hubiese gustado escribir?

Todo libro que haya disfrutado leyendo, realmente. Hace años buscaba libros mucho más profundos, con más fondo. Ahora los evito, lo admito. Así a voz de pronto diría «El Clan del Oso Cavernario» de JM Auel o «Forastera» de Diana Gabaldon, quizás porqué nunca me he atrevido con la histórica y ellas los bordan. Además, me gustan las protagonistas fuertes pero realistas, de las que a veces tropiezan, se equivocan y acaban llorando, pero sin dejar de ser ellas mismas. Eso sí, cuando una saga ya se retuerce demasiado quizás me cansa. Por eso en mis sagas cada libro suele ser una historia concreta de unos personajes y aunque haya una línea temporal no me gusta complicar una historia bonita que ya he cerrado. Pierde la magia.

¿Te dedicas por completo a la escritura?

No, para nada. Si alguien me pregunta siempre digo que en primer lugar soy mamá, que es un trabajo precioso pero muy duro. Además de eso, trabajo en un hospital. Soy médico, especializada en oftalmología y me dedico básicamente al glaucoma. Tengo la suerte de estar en un sitio en el que se intenta hacer una conciliación familiar real y me permite dar lo mejor de mí tanto en el hospital como en casa. Me encanta mi trabajo, desde el trato con el paciente hasta realizar cirugías complejas. Aunque a veces puede ser duro, mentalmente. La escritura es una vía de escape maravillosa. Pero incluso si pudiera permitirme vivir únicamente de lo que escribo, seguiría trabajando de lo mío igualmente. Es vocacional. No puedo negar que soy una afortunada.


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