Técnica: El margen

EscritorioUno de los aspectos que suelen ignorar (o incluso maltratar) los autores novatos es el del margen en sus publicaciones en papel. En el mejor de los casos, dejarán el valor por defecto que proponga su procesador de textos (MsWord, LibreOffice Writer), y en el peor los reducirán, con la idea de incluir más texto en cada página y conseguir un número de páginas menor para que el coste de impresión sea bajo y se puedan generar más beneficios.

Pero, en realidad, el margen de un libro tiene una gran importancia, y vale la pena perder cierto tiempo a la hora de planificar una nueva publicación. El primer motivo es obvio: Hay que tomar el libro en las manos para leerlo. Por eso, “no todo vale”, y márgenes por debajo de un centímetro resultarán incómodos, forzando al lector a mover los dedos para leer el texto que haya debajo. De hecho, la tendencia es la de poner un valor más grande, entre la media pulgada (en sistema anglosajón, equivalente a 1,27 centímetros) y quince milímetros, en los márgenes exteriores.

El margen interior, el que se añade en el lado de la encuadernación, puede ser algo mayor si el número de páginas es elevado (digamos, por encima de 300). Quizá veinte o veinticinco milímetros. Este margen es el que permite leer el texto hasta ese borde interior sin tener que forzar la encuadernación.

Al final, estos márgenes definen la zona útil para el contenido del libro (que puede ser tan reducida como el 70% del área disponible), y servirán para determinar el tamaño de letra y el interlineado óptimo para un tamaño de página determinado (recuerda la regla del 350 que presenté en un post anterior). Siguiendo unas pautas básicas, podemos crear un libro correcto, que cumpla con lo que espera la industria editorial. Pero, aun así, al hacerlo estamos perdiendo parte de nuestro potencial creativo. Y es que, en general, la gente no se da cuenta de las posibilidades creativas de los márgenes.

Históricamente, los libros escritos a mano incluían márgenes muy grandes, por varios motivos. El primero es ¡que eran libros muy grandes! Formatos con más de cincuenta centímetros en el lomo eran frecuentes. Bueno, todo lo frecuentes que podían ser estos incunables. Pero, además, había un tema práctico. A la hora de escribirlos, se utilizaban ayudas (el término concreto es “tiento” o “apoyamanos”), para evitar que la mano emborronase la página. Estas piezas de madera, a modo de palanca, necesitaban apoyarse en la página misma, por lo que había una zona “prohibida” para el texto.

Además, en muchas ocasiones se utilizaban estos márgenes para incluir ilustraciones, o bien para extender las letras capitulares (La primera letra de una sección o capítulo, que abarca varias líneas del texto), con decoraciones, en muchos casos, increíbles, si se considera que se hicieron a mano.

Por último, cualquier actividad artística se intentaba alinear con los cánones de cada época. Las diferentes “reglas de oro” que se utilizaban, por ejemplo, para la arquitectura, también tenían cabida en la edición de libros. Así, se definieron diferentes proporciones áureas para la colocación del cuerpo del texto respecto a los márgenes físicos del papel. Curiosamente, la mayoría de estas proporciones áureas primaban la asimetría, aunque fuese una asimetría controlada.

Práctica

Claramente, puedes definir unos márgenes asimétricos en tu procesador de textos, siguiendo alguna “regla matemática”. Si haces una edición sutil, tus lectores pueden no darse cuenta, pero verán tu libro como “con algo diferente”.

Por supuesto, el efecto es más visible si estás trabajando en un libro con contenidos gráficos. El “marco” de la página en blanco puede funcionar como paspartú asimétrico para tus fotografías, o bien puedes incluir pequeñas notas en el margen en tus libros prácticos. En este caso, quizá quieras utilizar otros programas de composición, como Adobe InDesign o (mi recomendación) el gratuito Scribus. Estos son programas específicos para hacer composiciones complejas, y permiten exportar los contenidos exactamente al formato PDF, que es el que utilizará la imprenta para producir tu libro en papel.

Otra ventaja de estos programas de edición es que puedes tener, teóricamente, todas las páginas con formatos diferentes, con una distribución distinta de los elementos. De nuevo, esto puede ser una parte esencial de tu publicación, incluso si esta es de “sólo texto”. ¿Por qué no probarlo? ¿Has hecho ya alguna publicación “diferente”, saltándote las reglas establecidas en el mundo editorial? Cuéntanoslo…

Tienes un manual práctico sobre el uso de Scribus disponible tanto en papel como en formato electrónico. Más información en este enlace

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