“Mi” proceso literario…

Cuando me zambullí en la aventura de publicar mi primer libro de ficción, no tenía ni idea de por dónde empezar. O bien, tenía (mas o menos) claro el punto de partida de la historia, y cómo quería que acabase – con un mensaje positivo.

Pero no sabía cómo continuar. Sí había visto cómo trabajan otros escritores, con esquemas complicados, diagramas inmensos en una pared, o incluso con la ayuda de software dedicado, como Scrivener. Bueno, yo no tengo una pared tan grande (o no quiero utilizar una para eso), y no me acababa de convencer el tema del programa de gestión, y menos de pago.

Así que me lié la manta a la cabeza, e intenté crear la estructura en forma de texto: un par de líneas o un pequeño párrafo para cada escena o situación. Cada nuevo personaje o cada cambio en el argumento conllevaría un nuevo párrafo.

Una vez tenía unos diez párrafos sobre la historia principal, comencé a intercalar una segunda trama en paralelo (no te digo cuál – lee el libro), añadiendo los nuevos personajes.

Después, fui insertando “pinceladas” de cómo se vería la situación desde fuera, añadiendo noticias y reportajes (por supuesto ficticios), y diferentes opiniones, en este caso de manifestantes. Ojo, la información que presento en las notas al pie es real, y tomada de diferentes fuentes de Internet (El libro incluye un listado de referencias al final).

Añadir la tecnología fue un paso añadido. Para ello, ya había decidido las fechas en las que sucedería la trama (2029 – 2032), e intenté que formasen parte de la historia, pero sin forzar su aparición. Sé que los teléfonos móviles evolucionarán a algún tipo de asistente personal, y si no cambia nada la mayoría de coches serán eléctricos y autónomos para esas fechas. La carga de estos sin cables será una realidad en un par de años. Otros elementos (como los aero-taxis y los transportes urbanos aéreos) quizá no lleguen tan pronto – pero espero verlos algún día.

Por último me apetecía que la acción sucediese en un lugar conocido para mí. La ciencia-ficción no debe suceder siempre en Estados Unidos, ¿no? Y me consta que hay muy buenos equipos de investigación por todo el mundo… Elegí Zaragoza (mi ciudad natal) como ciudad de tamaño medio, donde la vida puede ser todavía relajada – como para seguir con costumbres como el café de la mañana en la cafetería “de toda la vida”. ¿La reconoces?

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